abril 5, 2019

“La tecnología ampliará la distancia entre clases sociales”

Coronel Gómez de Ágreda: experto en Ciberseguridad, que ha representado a España en la OTAN, acaba de publicar Mundo Orwell. Sigue leyendo

MUNDO ORWELL: manual de supervivencia para un mundo hiperconectado (Editorial Ariel). Se trata de un aviso a navegantes sobre los riesgos a los que nos enfrentamos si cruzamos la puerta del mundo del Gran Hermano, el lado oscuro que nos espera si no se realiza una reflexión moral y política adecuada.

Hemos vivido una era de tecnoptimismo en el que se nos contó que internet era sinónimo de libertad y hoy en día es un instrumento que ayuda a gobiernos autoritarios a perpetuarse. ¿Hacia dónde apunta la brújula?
Pueden darse los dos escenarios planteados. En los inicios de internet John Perry Barlow [promotor de la fundación Electronic Frontier] lanza en Davos la Declaración de Independencia del Ciberespacio. En ella se trata la democratización de la libertad de expresión. Sin embargo se ha demostrado que, desde el mundo digital, puede dirigirse la realidad, manipularla, crear una libertad vigilada. Los estados han tardado en darse cuenta del potencial de internet, mientras que las empresas supieron mucho antes valorar el poder de los datos…

La charla es en la cafetería de un hotel madrileño. Gómez de Ágreda saltó del Ejército del Aire al denominado quinto elemento de la estrategia: el ciberespacio. Como buen militar de civil va impecablemente vestido.

…Tanto que estos gigantes ya gestionan muchos ámbitos de nuestra vida. Da miedo que exista un tráfico de datos de la sanidad o de la seguridad.
Siempre han existido hospitales públicos y privados, pero la seguridad es la herramienta que ha usado el estado como moneda de cambio con el ciudadano por su lealtad. Si se perdiera esa relación, le quitaríamos al estado su razón de ser.
El problema es que desconocemos cómo es el trato del Estado con esas empresas. ¿Quién manda o qué prebendas se intercambian en asuntos de inteligencia?
Los Estados tienen la capacidad de regulación. Puede que no se sepa qué intereses prevalecen en cuanto a información, si los de las empresas o los del Estado, pero no hay duda de que ese intercambio existe.
Pero, como informó este diario, el Estado español va a utilizar infraestructuras de Huawei, empresa acusada de espiar para el gobierno chino.
Huawei niega que colabore con el gobierno chino al igual que Cisco niega que haga lo propio con el gobierno de EEUU… La clave de todo es que Europa queda como un enano geopolítico y esto puede ir a peor porque ya no tenemos capacidad para diseñar procesadores, plataformas o teléfonos. El 5G lo van a instalar EEUU y China. Los operadores europeos se conectarán a través de sus infraestructuras.
Suena a suicidio estratégico…
Europa ha defendido el concepto del libre mercado pero éste ha sido restringido por países competidores como China, que así ha levantado una industria tecnológica propia. Si no hubieran limitado la entrada de Google, WhatsApp u otras no habrían desarrollado las suyas. El problema es que los europeos tecnológicamente hemos quedado en manos de terceras potencias.
Evgeni Morozov define el tráfico de datos como «parasitario» y augura un futuro de una élite tecnológica y parias digitales a los que ya se les ha chupado toda la información…
La tecnología ampliará las distancias entre clases sociales. No creo que se prive el acceso a internet a la gente en ningún momento, pero sí que pudiera haber un internet privilegiado para los más ricos, y otro, más como una forma de control, utilizado de manera que fuéramos dirigidos a un mundo feliz como el de [la novela de Aldous] Huxley. Estamos ante un momento crucial en el que no hay que decidir el modelo de internet, sino el modelo de sociedad del futuro. Decidir si queremos defender nuestros derechos individuales o preferimos que unos pocos lo hagan por los demás.
¿Cómo se impide que el ‘big data’ se utilice para segregar a la gente?
Vivimos en una sociedad en la que hay que elegir todos los días entre comodidad y libertad. Nos hemos acostumbrado a dar nuestros datos sin leer las condiciones, a piratear contenidos… En el mundo de hoy se tiende a la desintermediación. Los intermediarios sufren. Hablo de los medios, que eran el intermediario entre noticia y lector o de los bancos, que los son entre dinero y clientes. Mire el caso de Uber con los taxis… Esto es una revolución.
Y la política…
Es igual. La gente prefiere una vida cómoda y barata al compromiso, en el que hay mojarse en la toma de decisiones a favor de nuestra dignidad.
¿No cree que el problema es que no sabemos qué vale nuestra intimidad?
Se emplean parámetros para medir eso económicamente en función del valor de las grandes tecnológicas, pero es algo complejo.
Deme un consejo para no ser devorado en la jungla digital.
Hay que tener una visión de conjunto, de matices. No vamos a dejar de usar las tecnologías, eso es imposible. Lo que hay que decidir es qué parte de nuestra intimidad es irrenunciable. Tenemos que saber que nada es gratuito. Nuestros datos valen mucho más que los servicios que presuntamente nos regalan a cambio de ellos.
  • Texto: JORGE BENÌTEZ (EL MUNDO)
  • Foto: SERGIO ENRÍQUEZ-NISTA
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