diciembre 4, 2015

El Pibe

Hugo Moyano consideró a Jorge Triaca un inexperto con entusiasmo. Fue una sutil manera de menospreciar al designado ministro de Trabajo macrista en vísperas de un potencial escenario de conflictividad. Sigue leyendo

El recurso es algo viejo pero no perdió vigencia. Se trata de elegir a un enemigo y bajarle la cotización, mostrarlo como alguien que no está a la altura de las circunstancias.

Hugo Moyano ya lo había hecho con Patricia Bullrich, cuando la ministra de Trabajo de la Alianza abogaba por la transparencia sindical. Le puso «La Piba» de apodo,  algo así como la chica de los mandados, una obediente cadete que se limitaba a acatar órdenes.

Cuando ella más confrontaba a la CGT, la artillería de los gremialistas se volvía cada vez más pesada. La llegaron a comparar con el futbolista Silvio «Tweety» Carrario, un cordobés que jugó en Talleres, Racing, Boca, Deportivo Español, Quilmes, Olimpo, Chacarita y Argentinos Juniors, entre otros clubes.

El mensaje era inequívoco:  Bullrich, al igual que el jugador, cambiaba periódicamente de equipo y -según los sindicalistas- no estaba al servicio de una causa, un color, o una ideología sino del técnico que le tocara en suerte.

Algún abrazo y saludo de ocasión, muchos años después, tranquilizaron los ánimos del camionero y la dirigente, pero no mucho más que eso.

Esta semana, el jefe de la CGT volvió a echar mano a esa estrategia de reducir a un potencial contendiente. No fue muy original. Le dijo «El Pibe» a Jorge Triaca, el designado titular de la cartera laboral. «Es un pibe con entusiasmo, por ahí le falta experiencia», repitió a lo largo de toda una jornada.

No es casual. A los ojos del camionero se trata de un escenario similar al de los tiempos de Fernando De la Rúa, cuando el estratégico Ministerio de Trabajo quedó a merced de alguien que no es del palo.

Si bien Triaca padre alcanzó esa cartera durante el menemismo con la chapa de dirigente gremial -fue secretario general de los obreros plásticos-, su hijo a primera vista aparece como un beneficiario de la portación de apellido.

El Pibe se dedicó a la economía y no ofrece a la CGT las garantías que sus integrantes le reclaman en términos de reparto de poder ¿Hará lobby para que los gremialistas ocupen cargos sensibles o cierren negocios millonarios, como podría el de la recolección de residuos?

Peor aún: Triaca no les brindó ninguna certeza frente a un potencial escenario de conflictividad. Un escenario, vale recordar, que el propio Moyano alumbró al referirse a la existencia de una inflación galopante y los estragos que la misma ya está produciendo en los bolsillos de los trabajadores.

¿Podrán las organizaciones sindicales amortiguar semejante impacto con las paritarias o con la promesa de un acuerdo social? ¿El fantasma de los despidos obrará como disciplinador social, congelará las movilizaciones y quitará poder de fuego a los gremios?

A Moyano le genera aprensión la vocación de Mauricio Macri de darle aire a referentes del mundo corporativo en desmedro del laboral. De hecho, antes que a Triaca el presidente electo le había ofrecido el cargo a Jorge Lawson, del grupo Arcor.

Si bien el pressing sindical finalmente dejó fuera de carrera a Lawson a nivel nacional, no pudo detener la incorporación de Marcelo Villegas, un ejecutivo de Telecom, en el Ministerio de Trabajo bonaerense.

«Mucho Barrio Parque y poco barrio», mostró su estilete el «gordo» Héctor Daer, del gremio de sanidad, dejando en claro que al menos en este tópico la CGT no presenta grietas.

Está claro que un gabinete con funcionarios identificados con LAN, Shell, General Motors, Farmacity, IBM y Monsanto genera recelos en ámbitos sindicales.

Moyano pretendía un gobierno de aliados y no de viejos contendientes del mundo empresarial. Indefectiblemente lo imagina a Triaca con la camiseta rival.  Por eso lo de Pibe, por eso la intención de reducir al ministro, de ganarle la batalla psicológica aún antes de emprender cualquier travesía confrontativa.

Es, en definitiva, parte del manual vandorista de «pegar para negociar», de atacar de entrada para sacar mayor provecho de una coyuntura que, de antemano, el ahora presidente de Independiente avizora compleja, y que lo tiene en estado de alerta.

No lo apacigua ni siquiera el nombramiento de Ezequiel Sabor como secretario de Trabajo. Se trata del todavía funcionario porteño que obró de bisagra entre Macri y el jefe cegetista, logrando unirlos en el acto de descubrimiento del Monumento a Perón.

Está claro que el apellido Triaca no es música para los oídos de Moyano, acaso porque el progenitor del designado ministro defendió las políticas de ajuste de Menem cuando el camionero las combatía.

Aquella ligazón del pasado con el presente lejos de ser forzada ha sido refrendada por la propia Zulemita Menem. «Mucha gente que acompañó a papá ahora está con Mauricio en el gobierno. O sus hijos. Es la segunda generación», dijo anoche la hija del ex presidente.

Se refería, claro está, a Triaca, el Pibe.

  • Texto: Diego Schurman (Infonwes)
  • Foto:
EL GMAIL DE DIEGOSCHURMAN