agosto 14, 2015

La dama que desnudó al barón

Las PASO dejaron en carrera a Victoria Donda e impidieron la sexta reelección de Othacehé en Merlo. La aspirante a diputada fue quien abrió las puertas del Congreso a las víctimas del accionar patoteril del intendente. Sigue leyendo

Las primarias  habilitaron a Victoria Donda a seguir en competencia y dejaron fuera de la misma a Raúl Othacehé.

La candidata del frente Progresistas tendrá la oportunidad de regresar al Congreso de la Nación mientras que el  «barón del conurbano» no podrá aspirar a su sexta reelección en la intendencia de Merlo.

No se trata de comparar peras con manzanas sino de abordar el derrotero de dos protagonistas de una historia maldita que no tuvo el espacio ni la difusión que merecía.

Algunos tomaron conciencia de ello el año pasado, cuando el Vasco Othacehé, en el contexto de su salto al massismo, calificó a Donda de «drogadicta» y «enferma».

El encono que pocos entendieron entonces obedecía a una razón concreta. En 2011 Donda había desnudado en el Congreso el accionar patoteril y mafioso del jefe comunal.

Lo hizo al presidir una audiencia de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de Diputados por la que desfilaron decenas de víctimas del hostigamiento y la persecución de Othacehé.

Aunque entonces los grandes medios hicieron la vista gorda, los testimonios quedaron documentados en la versión taquigráfica de aquella audiencia, de la que también participaron los legisladores María Luis Storani (UCR), Horacio Alcuaz (GEN), Cecilia Merchan (Libres del Sur) y Elsa Quiroz (Coalición Cívica).

Uno de los testimonios fue el de Gustavo Menéndez, quien acaba de sacar de carrera a Othacehé. Paradojas de la política: ambos abandonaron tiempo atrás las filas de Sergio Massa para competir en las PASO bajo el paraguas del Frente para la Victoria.

Así como lo hicieron docentes, profesores, comerciantes y militantes sociales, en aquella audiencia de 2011 Menéndez también relató los aprietes que sufrió cuando aspiraba a la intendencia pero desde un partido vecinal llamado Agrupación Grande Merlo.

El tramo principal de su desgarrador testimonio, documentado por los taquígrafos del Parlamento, es el siguiente:

«Desde hace 16 años yo atesoro en mi contra 123 panfletos difamatorios diferentes. No es una cifra tirada al azar, sino que hay 123 panfletos; se ha dicho que soy jefe del narcotráfico, que soy homosexual, que tengo cuatro mujeres. Son esas cosas a las que de última uno ya se acostumbró. Han tiroteado en dos oportunidades el frente de la casa de mi mamá. Han querido rematar la casa de mi mamá por una deuda de 1200 pesos. Para recaudar los 1200 pesos que debía mi mamá, hicieron una campaña publicitaria que  costó 350 mil pesos (…). Ustedes saben que en Merlo los tribunales de faltas están disueltos. O sea que el juez de faltas es el intendente; por lo tanto, él te acusa y él te juzga. En realidad lo que pretende es desviarte del objetivo político que tengas y hacerte comparecer 48 mil veces y tenerte 4, 5 o 6 horas por día en el juzgado de faltas. (…) Después quería contarles básicamente algunos casos, como por ejemplo el de Mauricio Canosa, un chico que milita con nosotros desde hace muchos años, al que integrantes de la barra brava de Deportivo Merlo, que trabajan para el municipio, agreden con caños galvanizados. Lo dejan en silla de ruedas un mes y medio. Hicimos la denuncia, y hasta el día de hoy, diez meses después, no se hizo la rueda de reconocimiento y todos estos tipos están caminando por Merlo. Lo lamentable es que una de las personas que lo agredió en la actualidad es el responsable del operativo de la patrulla municipal, o sea que por handy da instrucciones a la policía y a la patrulla municipal de dónde tienen que ir y cuáles son las acciones que tienen que realizar» (…) Otro caso es el de Hugo Rodríguez, que fue el más conocido de los últimos tiempos, porque es un chico a quien atacaron unas quince personas, ocho de las cuales estaban encapuchadas. Era un chico que estaba repartiendo algunas boletas y alguna publicidad sobre la campaña. Lo empiezan a perseguir. Él no se da cuenta de que son varios autos; piensa que era uno solo, pero en realidad eran cuatro autos. Uno de esos autos lo embiste –como si fuera un autito chocador– y lo va empujando para llevarlo arriba de la vía del tren, frente a la estación Libertad. Los dos compañeros que estaban con él tratan de correr, pero él queda atrapado. Entonces le rompen todo el auto y le empiezan a pegar verdaderamente muy mal. Cae, se levanta, trastabilla. Enfrente había una iglesia evangélica; por suerte estaban en una reunión y había unas 200 personas adentro. Dos de los chicos logran escapar, golpeados, entran a la iglesia y alertan a la gente, que empieza a salir, pero Hugo no tuvo esa suerte. Estaba tirado en el piso, le patearon la cabeza, y con un caño de más o menos un metro y medio le dieron tres golpes en el parietal. La cuestión es que todavía está con conmoción cerebral; todavía no puede caminar. Camina como esas personas que tuvieron un accidente cerebro-vascular. Todavía no puede mover su mano izquierda.»

 Visto en perspectiva, Donda hizo un enorme aporte para derribar el muro cómplice que levantaron -particularmente algunos sectores del PJ- para ocultar el accionar de Othacehé.

Lo saben todos los que pasaron por el Congreso a brindar testimonio pero en especial Menéndez, cuyo obligación en caso de llegar a la intendencia será desbaratar ese esquema de poder coercitivo del que fue víctima directo, incluso en estos últimos tramos de campaña.

Por supuesto que es exagerado pensar a Donda como artífice de la caída del controvertido jefe comunal, pero siempre resulta reparador que aquellos que pelearon contra el oscurantismo político sigan en carrera, amén de coincidir o no con sus propuestas de gobierno.

 

  • Texto: Diego Schurman (Infonews)
  • Foto:
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