diciembre 30, 2021

Páginas de una revista de ciencia y de cultura

Creada por el peronismo para publicitar los avances nucleares del país, la revista Mundo Atómico dejó en el corazón del siglo XX una estela de vanguardismo y protofeminismo. Sigue leyendo

Lrevista independiente Velociraptors fue publicada hasta 2014 en papel por la licenciada en Letras (UBA) Clara Ruocco junto a Laura Monnanni y Juan Ruocco, y aunque el nombre podría sugerir que el universo era exclusivamente el de la paleontología, la editora aclara enseguida que “no es un medio de divulgación científica, sino que trabaja los cruces de la ciencia y la cultura”. Sin embargo, hay más participantes en esa zona de encuentro: el pop, la cultura gamer, los cómics y el cine, que tras el cierre, adoptó recientemente el formato de podcast. Con todo, esta nota no refiere a esa publicación disruptiva sino a otra: una que se cruzó desde las entrañas del siglo pasado con Clara Ruocco cuando se documentaba para aquel proyecto y se topó con la producción de la editorial Haynes (desde la mítica El Hogar, pasando por Tía Vicenta y hasta llegar a Caras y Caretas).

Mundo Atómico se editó tras la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) en 1950, cinco años después de los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki en Japón y de la movilización obrera que dio origen al peronismo en la Argentina.

Ruocco admite que la publicación suele ser analizada como «una revista más del universo de la saga justicialista» (se editaban también Mundo Peronista, Mundo Agrario, Mundo Deportivo, Mundo Infantil, entre otras) y que «este lazo resulta insoslayable». Al mismo tiempo, recuerda que “es abordada desde los estudios sociales de la ciencia para ponerla en relación con procesos más amplios como el desarrollo de la energía nuclear nacional”.

Sin embargo, la escritora propone ampliar la mirada: «Mundo Atómico fue analizada como fuente documental, pero yo la veo como un monumento. Por eso, propongo tomarla por su valor en sí misma. Pensarla como un monolito de la comunicación científica para audiencias más amplias, que no es transparente, es un material opaco, tridimensional y capaz de ser objeto de estudio más allá del peronismo».

Ciencia, que es cultura

Con este criterio, la misión que se planteó es apreciarla “con una publicación novedosa para la época porque la ciencia es entendida como un elemento de la cultura argentina”. En su libro –Mundo Atómico, una revista argentina de divulgación cientifica (1950-1955), que se puede leer online de manera gratuita, se pueden advertir las secciones que tenía la revista, cómo convivían textos introductorios, expediciones científicas o traducciones de congresos internacionales.

La autora insiste: “Mundo Atómico se permitía incluir materiales sobre pintura, música, naturalismo además de informar sobre los quehaceres de la ciencia.” «He tratado de ver cuánto se ha hallado de nuestros antepasados prehistóricos, y muchas veces he trepado hasta la Gruta de Orio, y mirando aquellos dibujos en sus paredes he pensado que los baskos siempre tuvimos mucho de niños y que siempre hemos sido los mismos».

Con este epígrafe del cuento de Magdalena Mouján Otaño titulado “Gu Ta Gutarrak” (que significa “Nosotros y los nuestros” en euskera) comienza el libro de Ruocco. No es casual, Mouján Otaño escribía en Mundo Atómico, era matemática, formó parte de la CNEA y era escritora.

“Cuando me puse a leer los números de Mundo Atómico, encontrar su nombre como una autora de artículos científicos fue una sorpresa. Yo la tenía en el radar por su rol de cuentista de ciencia ficción, de la que soy lectora”, apunta.

El texto citado narra una paradoja temporal, Ruocco encuentra allí un sentido a su labor: “La idea del cuento es que la narradora es descendiente de vascos, viaja al pasado y termina siendo una de las fundadoras de su pueblo. Me traje esa idea por una intuición de lectura. Me resulta interesante pensar que podemos crear una máquina del tiempo, viajar al pasado con velociraptors y terminar siendo los fundadores de Mundo Atómico”.

De hecho, la autora recorrió el pasado a su manera. Pudo concretar su travesía tras postularse a la beca de investigación Josefa Emilia Sabor de la Biblioteca Nacional en 2017 para “reconstruir el fichaje de la revista”. Por este motivo, la estructura del libro, que se publicó en colaboración entre la editorial Tren en Movimiento y Ediciones Biblioteca Nacional, puede resultar peculiar: tiene dos partes, la primera con la investigación sobre materiales y la segunda con un índice en orden cronológico de los 470 textos que aparecieron en los 23 números de Mundo Atómico.

Al servicio de la comprensión

La iconografía de la revista merece un capítulo aparte y Ruocco seleccionó de forma minuciosa las imágenes que forman el paratexto de su publicación. Las tapas de Mundo Atómico fueron diseñadas por el artista Ascanio Marzocchi Paz, de quién mucho no se conoce, pero que tras su investigación en la Biblioteca Nacional se redescubrieron piezas dedicadas a la gauchesca que son expuestas desde el 9 de diciembre allí. «Me impactó la obra de Marzocchi Paz. Considero que realizó un esfuerzo loable al construir una pictórica de procesos científicos complejos», expone la autora.

La revista recurrió a lo artístico como un recurso para sus lectores. «Se realizaban infografías o collages de forma muy artesanal. Se destacan las fotos a color y las viñetas humorísticas de Rafael Martínez, que demuestran que lo pictórico estaba al servicio de la comprensión de la ciencia», esclarece.

Aquí surge la pregunta sobre la audiencia ¿A quién le escribía Mundo Atómico? Ruocco arriesga una hipótesis: “Considero que le habla a un grupo de convencidos y en ese sentido los apela desde lo político porque cristaliza la idea ‘ciencia para el pueblo’. Estaban convencidos del potencial científico tecnológico para resolver problemas de desarrollo y en la revista se da por hecho que esto resuelve las diferencias”.

Asimismo, desde su discurso editorial, la revista intentó limpiar el nombre de la energía atómica. Para este fin, enuncia que lo nuclear ayudaría a solucionar los problemas argentinos en materia sanitaria, de transporte, industria, agro y electricidad. “La revista hacía ingenierías argumentales para desligarse de los bombardeos atómico y para ganar la discusión postulaba que su impulso estaba vinculado al futuro del país», agrega la lingüista.

Feminismo avant la lettre

Un aspecto notable y que Ruocco rescata es el lugar de la mujer en la ciencia argentina que postula la publicación y también la labor de ellas en la propia revista: “Fueron eminencias en su campo disciplinar –puntualiza– como Noemí Cattoi, pionera de la paleontología; Juana María Cardoso, que trabajó en el Observatorio de rayos cósmicos en Malargüe o la misma Magdalena Mouján Otaño, una de las primeras científicas en utilizar la computadora Clementina, el primer dispositivo nacional de ese tipo”.

“Al hacer una lectura retroactiva y con los feminismos a flor de piel, me resultó destacable la participación de la mujer en la ciencia. Desde lo paratextual, en las imágenes y al nombrar a las mujeres que participaron”, subraya.

Como en una narración coral, historias que parecen inconexas terminan articulando. Así la energía atómica ensambla la ciencia y la cultura desde una publicación pionera de mediados del siglo XX y otra, también vanguardista y anfibia en sus formatos, del siglo XXI. También une a dos mujeres aficionadas a la ciencia ficción. Todavía no existen las máquinas del tiempo, pero es posible viajar con la lectura de un material que empodera los cruces científicos y artísticos.

  • Texto: Jesica Niz (CLARIN.COM)
  • Foto: ahira.com.ar
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